Saltar al contenido

La mosca en tu sopa

No creo en la reencarnación, aunque acepto que puedo estar equivocado. Pero te aseguro que, si existiera un ciclo de vidas y muertes, querría vivirlas todas contigo. Moriría en tus manos como un colibrí o como una mosca; ¿por qué matar a un colibrí? En fin, volvería cada vez a tu cocina, a tu mesa, a ese plato de sopa donde me escondo.

Sería una presencia en tus sueños —no siempre amante, a veces apenas visitante—: un admirador que no te pide firmas, una sombra muy pequeña pegada a tu piel, una visita inevitable. Acosador, como el colibrí que ronda la flor. ¿Por qué? ¡Porque no! Probé tus mieles: dulces, densas, peligrosas.

Porque me quisiste con las heridas abiertas; mi alma, en perpetuo grito cacofónico, no pidió compasión y, sin embargo, encontró alivio en otra cosa: tu honestidad —franqueza implacable—, que limpió las aristas de la soledad.

Te quiero por eso: por esa medicina que no fue caricia, fue claridad. Every breath you take —hoy, mañana y en todas tus mañanas—: un amor que se reencarna y no aprende a irse, una mosca que insiste.

Publicado enMicrorrelatos