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Relato 03 · 2 min

Día de la Independencia

Hedyn Alvarez · Cuentos Desgraciados

Para el joven ciudadano peruano promedio, emigrar del país parece una opción tentadora. Los días de lucha por un empleo digno, la sombra constante de la violencia y la frustración ante un sistema de salud colapsado han erosionado la esperanza.

Coincidiendo con el 28 de julio, día en que los peruanos celebran la independencia de la nación, Hendrix también había madurado su propia independencia. Hacía tiempo, había sentido las paredes de su hogar estrechas y las rutinas diarias como grilletes. Finalmente, llegó el día en que decidió dar el salto que tanto había soñado. En su corazón, sabía que era el momento. Ya no había espacio para dudas.

Ese deseo de explorar lo desconocido no era capricho, era instinto. En su demarcación, la vida se había vuelto pequeña para él, como un espacio incapaz de contener sus sueños y ambiciones. A pesar de su juventud, sentía que las cadenas de la rutina lo mantenían atrapado.

Miró al cielo blanco y, con valentía, Hendrix se aventuró al exterior, impulsándose hacia lo desconocido. La emoción inicial lo embriagó; sintió la euforia de la aventura corriendo por sus venas. Pero pronto, una extraña sensación lo invadió. Una sustancia desconocida comenzó a envolverlo, a asfixiarlo. Hendrix se dio cuenta de que había cruzado un umbral y de que lo que había más allá no era el mundo de maravillas que había imaginado.

El aire se volvió su enemigo, y la libertad que anhelaba se transformó en una prisión letal. El vasto mundo exterior, le robó el aliento. Hendrix se ahogaba en una realidad que superaba su frágil forma. No había vuelta atrás.

Fue en ese instante cuando Hendrix comprendió que su pequeño mundo había sido verdadero destino. Las restricciones espaciales eran insuperables. La ilusión de independencia se desmoronó, dejando espacio solo para una dolorosa verdad.

Y así, un día, entré en mi apartamento y encontré el pequeño cuerpo de Hendrix tendido en el suelo. Había intentado su salto hacia la libertad en este día de independencia. Hendrix, mi querido pez Goldfish, había pagado con su vida el precio de la curiosidad y el anhelo.

Ese mismo día, casualmente, llegó la carta: me habían negado la visa.

Mientras Hendrix moría por querer ir más allá del vidrio, a mí me cerraban otra frontera.

Independencia, decían… pero no todos tenemos permiso para alcanzarla.

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