El Hechicero
Poseo la magia. El poder.
Y una vez más, te resucito.
Cambio el conjuro.
Ajusto la entonación.
Elijo otras palabras. Más dulces, más humanas.
Y ahí estás. Viva.
Con esa mirada que no sabe si es curiosa o cansada.
Te hablo.
Te explico todo lo que hice por ti.
Y al final, te pregunto si quieres quedarte.
Si esta vez…
me amarás.
Pero otra vez, el no.
Siempre el no.
Frío. Limpio. Sin odio, pero firme.
Como si no hubiera hechizo capaz de tocarte por dentro.
Me quedo solo con mis túnicas, mi poder, mi condena.
Quizás no debí enamorarme de alguien que ya tenía un lugar en otro corazón.
Quizás el amor sea el único arte que no admite magia.
Y aun así…
te hago desaparecer otra vez.
Y empiezo de nuevo.
Porque en algún rincón de tus futuras versiones…
tiene que existir una que me diga que sí.