Venganza Revertida
¿Debo buscar ayuda médica?
“No lo sé, Rick”, me digo en voz baja. Medio bromeando. Aunque el dolor no tiene nada de gracioso.
Han pasado varias horas desde que entré en pánico. Por un momento estuve a punto de salir corriendo en busca de un taxi, pero ahora creo que pienso con más claridad. O eso quiero creer. ¿Cómo explico esto? ¿Digo que fue un intento de suicidio?
Qué vergüenza.
Qué decepción para todos los que me conocen. Nunca volverán a mirarme igual.
El dolor en el abdomen es insoportable, como si alguien me retorciera por dentro.
Irradia a la espalda, me dobla.
Vomité todo lo que pude. Luego traté de provocarlo, pero sé que ya no sirve.
El veneno está adentro. Lo tengo revuelto en las tripas.
Mi cuerpo lo sabe: ha comenzado a expulsarlo por su cuenta.
He corrido al baño tantas veces en tan pocas horas…
“Defecar es una tortura”, me digo otra vez, intentando hacerme el gracioso, pero por dentro sé que es desesperación.
En cinco minutos tomo ese taxi, lo juro.
Pero antes necesito tomar un poco más de leche.
No. Primero el baño. Otra vez.
Sentado en el trono, veo cómo un temblor empieza a sacudir mi mano izquierda.
Y sigue. Se alarga.
Lo curioso es que esta misma mano no tembló por la mañana, cuando trituré trece semillas de ricino.
Me vence el cansancio, pero no puedo dormir. El abdomen no me lo permite.
El sueño me llama, pero el dolor me agarra del cuello.
Tal vez debería ir a urgencias.
O tal vez debería morir bajo mis propias reglas.
Veo manchas de sangre en el papel.
Tal vez me merezco esto... ¿tal vez?
No. Me he ganado este final.
Tomar más leche no cambiará nada.
Provocarme el vómito tampoco.
Y en realidad, el error fue antes.
No debería haberla invitado a almorzar.
Pero, carajo, para alguien que casi nunca toma decisiones importantes, planear mi venganza durante semanas y finalmente hacerlo… fue casi un logro.
Casi.
Voy a tomar ese taxi. Ya inventaré alguna excusa.
Solo me pregunto en qué maldito momento cambió mi plato por el suyo.
No lo vi venir.
Ella debe estar allá afuera, en alguna parte de la noche, brindando con él y riéndose de mi estupidez.