Relato 36 · 1 min
Visita Frustrada
En el largo vuelo de regreso a Perú, soñé con mi abuela.
Su funeral, 1994.
Apenas la visité dos veces aquel año.
No sé si fue un mensaje.
Tal vez solo culpa.
Una deuda que mi inconsciente no había cerrado.
Aproveché el viaje para buscar su tumba.
Veintiocho años después.
Pero el cementerio había crecido como una ciudad sin mapas.
Pasillos infinitos.
Nombres ajenos. Nombres rotos. Nombres olvidados.
Caminé todo un día, entre muertos.
No la encontré.
En unas horas debo volar de vuelta al otro lado del Atlántico.
No sé si alguna vez podré regresar.
No sé si ella, en algún rincón, sigue esperándome.