Relato 35 · 1 min
Tuercas Perdidas
De chicos, mi hermano Juan y yo encontramos una mina de oro:
Tuercas. Grandes. Oxidadas.
El ferretero del barrio nos las pagaba por peso, sin hacer preguntas.
Cada vez llevábamos más.
Cada vez íbamos más lejos.
El negocio crecía.
Nuestra astucia, también.
Jamás revelamos el secreto.
Hasta que un día, a dos kilómetros del pueblo, el tren se partió contra la tierra.
Decían que había tramos enteros de vía pelados, como desdentados.
Nunca lo hablamos.
Ni mi hermano.
Ni el ferretero.
Ni yo.