En las redes
Siempre estuviste ahí, entre mis contactos.
No nos hablábamos desde la adolescencia, pero ahí estabas.
Aquel martes fue la primera vez que me atreví a escribirte.
Vi tu publicación sobre la salud de tu hijo y supe que era el momento.
Te ofrecí apoyo.
Un mensaje corto, sin pretensiones.
Y aceptaste.
Eso me sorprendió. No pensé que responderías.
Mucho menos que seguiríamos hablando.
Día tras día.
Hasta que empezaste a conocerme de nuevo, o por primera vez, tal vez.
Lo del cine fue idea mía.
Una película extraña. Poco público.
Y te besé.
No pensé que te dejarías.
Pero lo hiciste.
Un deseo de infancia.
Un deseo cumplido, uno importante, tachado de mi lista.
El chico que ignoraste, al que dijiste que nunca, jamás, saldrías con él… ahora te tenía entre sus labios.
Y hoy, por fin, hicimos el amor.
No fue pasión.
Pero fue entrega.
Aceptaste mi propuesta.
Yo cumplo mi parte.
Seré el donante de riñón para tu hijo.
Nunca le dirás nada a tu marido.
Eso también estaba en el trato, aunque a veces lo dudo.
Eras muy tajante en tus “nuncas”.
Y míranos ahora.